Boadilla del Monte afronta 2026 reafirmando una de las señas de identidad que ha definido su política municipal en los últimos años: una fiscalidad contenida como herramienta de posicionamiento y estabilidad. En un contexto en el que numerosos ayuntamientos revisan al alza sus tributos para cuadrar presupuestos y absorber nuevas obligaciones legales, el municipio mantiene el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) en el 0,40%, el mínimo permitido por la Ley Reguladora de las Haciendas Locales.
Mantener el tipo en el suelo legal sitúa a Boadilla en el grupo de municipios con menor gravamen de la Comunidad de Madrid, en línea con Pozuelo de Alarcón y Majadahonda. Frente a Madrid y otras localidades con tipos superiores, la diferencia en el recibo puede resultar significativa, aunque el importe final depende siempre del valor catastral de cada inmueble y de las posibles bonificaciones aplicables.
Más allá del dato técnico, el mantenimiento del IBI en mínimos refuerza un modelo que busca combinar atracción residencial, estabilidad presupuestaria y una determinada identidad económica. Boadilla ha construido en los últimos años una imagen asociada a calidad de vida y presión fiscal moderada, una ecuación que ha favorecido el crecimiento demográfico sostenido del municipio.
La política fiscal se complementa con incentivos selectivos, especialmente en materia de sostenibilidad. El Ayuntamiento mantiene bonificaciones de hasta el 50% en la cuota del IBI para viviendas que incorporen sistemas de aprovechamiento de energía solar, una medida alineada con las tendencias regulatorias actuales y con el objetivo de fomentar la eficiencia energética sin incrementar la carga global sobre el contribuyente.
El principal desafío del ejercicio llega, sin embargo, de la mano de la tasa de residuos derivada de la Ley 7/2022 de residuos y suelos contaminados, que obliga a las entidades locales a financiar el servicio mediante una tasa específica. La aplicación de esta normativa ha supuesto en muchos municipios un incremento directo de la factura para los vecinos. En el caso de Boadilla, el consistorio ha optado por integrar este nuevo coste dentro de su estructura fiscal tratando de limitar el impacto agregado sobre las familias.






