Hay lugares que parecen atrapados en un bucle temporal, espacios donde el reloj se detuvo y las promesas de futuro se oxidan al mismo ritmo que sus estructuras. El Club Hípico Las Lomas, en Boadilla del Monte, es el ejemplo perfecto de este letargo. Lo que un día fue el epicentro de la hípica nacional es hoy una herida abierta en el paisaje urbano, un recordatorio de que, a pesar de los anuncios de cambio, todo sigue igual.
Un pasado de gloria bajo el polvo
Inaugurado en 1973 con la pompa propia de la época, el club fue durante décadas el orgullo de Boadilla. Sus pistas vieron cabalgar a la élite; desde Campeonatos de España Absolutos hasta las categorías de menores de Salto y Doma Clásica. Fue, además, el laboratorio donde el Horseball comenzó a gatear en España.
Nombres como Maya Grasset o Gonzalo Ramiro Visser están ligados a este suelo que hoy solo pisa el olvido. Aquellas gradas de obra, que un día vibraron con los aplausos de la afición, hoy son esqueletos de hormigón que contemplan cómo la maleza gana una batalla que nadie parece querer luchar.
La parálisis como norma
El cierre definitivo en noviembre de 2002 marcó el inicio de una decadencia que ya dura más de dos décadas. El motivo de su parálisis es de sobra conocido: el uso del suelo. Al estar destinado exclusivamente a uso deportivo, los ambiciosos proyectos inmobiliarios que pretendían transformar la zona en complejos residenciales se estrellaron contra la normativa.
Desde entonces, el club entró en un estado de hibernación destructiva. Lo que el tiempo no ha logrado derribar, lo ha hecho el vandalismo. La mítica vidriera del picadero cubierto, que antaño filtraba una luz dorada sobre los mejores caballos de Madrid, es hoy un mosaico de cristales rotos.

Incendios y promesas incumplidas
Si algo ha roto el silencio de este enclave en los últimos años, no ha sido el sonido de las excavadoras, sino el de las sirenas. En abril de 2025, un aparatoso incendio en la calle Valle de Tena volvió a poner el foco sobre el Club Hípico. El fuego, extinguido por los Bomberos de la Comunidad de Madrid con el apoyo de drones de la Policía Local, fue el enésimo grito de atención de una estructura que se cae a pedazos.
Aquel suceso reabrió el debate: ¿Cuándo comenzará la transformación? Se anunció que la parcela había sido adquirida por el colegio Virgen de Europa para ampliar sus instalaciones. Se habló de excavadoras inminentes, de niños sustituyendo a los fantasmas de los jinetes y de un nuevo renacer deportivo. Sin embargo, a día de hoy, el bullicio prometido sigue siendo un eco lejano.
A pesar de los avisos de 2024 y 2025 sobre el inicio de las obras, el recinto sigue presentando el mismo aspecto de abandono, convertido en un foco de riesgo de incendios y un imán para actividades poco seguras.
¿Hasta cuándo el letargo?
Pasear hoy por las inmediaciones de Las Lomas es enfrentarse a una paradoja. Boadilla crece, se moderniza y se consolida como uno de los municipios con mayor calidad de vida de España, pero en este rincón de la urbanización Las Lomas, el tiempo es una balsa de aceite.
La realidad es testaruda:
- Sin viviendas: La prohibición de uso residencial mantiene el bloqueo comercial.
- Sin educación: La ampliación escolar sigue en el «limbo» administrativo o logístico.
- Sin hípica: Las instalaciones son ya irrecuperables para su fin original.
El espíritu de nuestra mejor hípica no «sobrevuela» el lugar; parece estar atrapado en él, esperando una liberación que nunca llega. Los vecinos se preguntan si el incendio de 2025 será el último capítulo de esta negligencia o si, por el contrario, seguiremos escribiendo el mismo artículo dentro de cinco años.
Las Lomas no necesita más nostalgia ni más investigaciones sobre incendios fortuitos. Necesita acción. Mientras tanto, el antiguo club sigue siendo ese espectro que nos recuerda que, a veces, en Boadilla, el futuro no es más que un pasado que se niega a marchar.






